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22
Ago

Relato travesti: “DESPACITO Y SUAVEMENTE”

Voy a seguir relatando como seguí buscando saciar mi deseo de ser cogido. Después de aquellas experiencias donde comencé a probar la parte pasiva, volví a ser penetrado, y esta vez fue por una traviesa.
Una noche a la salida de la Facultad, pasé con mi auto por una terminal de ómnibus y allí estaba ella, una hermosa morocha, alta, elegante, de ojos verdes, cabellos negros largo, vestida con un sacón de piel de leopardo. Me llamó la atención sin saber que era una traviesa; detuve el auto y la invité a subir para acercarla hasta su casa. Sin dudar, aceptó y subió; durante el trayecto hablamos y noté que tenía una voz más grave que la de una mujer, entonces observándole bien, ví sus manos y pies grandes al igual que sus hombros. Sin disimulos, busqué entre sus piernas saciar mi curiosidad, cosa que me permitió abriéndola suavemente, mientras ella abría el cierre de mi vaquero. Estaba todo dicho; enfilamos para el telo y por el camino comenzó a mamarme la pija a la mejor manera de “garganta profunda”.
Llegamos al Motel, entramos e inmediatamente nos pusimos en bola, ella con una tanguita roja muy fina que le cubría la parte de adelante nada más, se tiró a la cama y siguió mamando mi redura poronga mientras yo le acariciaba unas hermosas tetas que tenía. Luego de la excelente mamada comenzó a besarme por todo el cuerpo, pasando su lengua por mis tetillas, bajando por la espalda, las nalgas y llegando a la puerta misma de mi culo; allí comenzó con besos negros y cogiéndome con su húmeda lengua mientras con una de sus manos me pajeaba. Cuando estaba por estallar de calentura le pedí que se ponga de cuatro para cogerla, cosa que hizo de inmediato pero muy lentamente con delicadeza. Cuando estaba por penetrarla me pidió un minuto y sacó de su cartera un lubricante que se paso por el orto y otro poco por la cabeza de mi pija, y después la enterré hasta los huevos cogiéndola como un loco hasta que cambiamos de posición y ella se sentó sobre mi moviéndose de arriba a abajo y hacia los costados, lo que me llevó a acabar como un potro.
Después arrodillándose me limpió la pija chupándola hasta la última gota de leche. Descansamos un rato bebiendo algo y charlando, hasta que le pedí que me cogiera porqué tenía ganas de recibir una pedazo de carne en mi culo. Aceptó, y tomando ella la iniciativa me dijo que me haría sentir una mina recaliente, y así lo hizo; de manera suave, despacito como en cámara lenta me chupaba los pezones, me besaba todo el cuerpo dándome vuelta de un lado para otro, acariciándome el culo, metiéndome su lengua, y cuando estuve listo con el orto dilatado me puso lubricante; me acostó boca arriba levantándome las piernas sobre sus hombros y allí se quitó la tanguita, dejando ver su ya erguida pija bastante larga de 18 cms, pero no gruesa, y fue introduciéndome de a poco hasta meterla toda. Sentí un placer inolvidable cuando comenzó a cogerme mientras me chupaba las tetillas y me besaba el cuello.
Lo hacía tan bien y de una forma dulce, despacio, que no quería que terminara nunca. Luego me cambió de posición poniéndome de cuatro, después sentado sobre ella dándole la espalda, y finalmente volvimos con las piernas arriba para acabar como un condenado. Realmente nunca me habían cogido y tratado así. Fue la mejor cogida que recibí, y cada vez que la recuerdo me caliento. Nunca más la volví a encontrar, pero espero hallarla algún día.

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