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27
Abr

Relato gay argentino: Con un chico de paso

No puedo evitar tocarme al relatar esto. Una noche salimos con un grupo de amigos a un boliche de Palermo, en un momento de la noche todos andábamos dispersados en distintos puntos ya muy ebrios de la previa y por el 2×1 en cervezas del lugar. En un momento el boliche cierra por lo que nos piden a los pocos que quedábamos que saliéramos a la calle. Ya estaba amaneciendo y como pude trate de encontrar a alguno de mis amigos pero ninguno aparecía, supuse que algunos se habrían ido con alguien o de nuevo a sus casas asi que empece a caminar hacia la parada del bondi. En el boliche había recibido varias aproximaciones, apoyadas, miradas y cosas así pero no había concretado nada por lo que estaba bastante manija. Uno de mis mas grandes morbos es poder estar con un desconocido de forma casual por lo que esas cuadras hasta la parada del colectivo iba mirando a todo el que se me cruzaba con la esperanza de no volver solo a dormir la mona. Nada apareció en esas cuadras por lo que en cuanto llegue a la parada y vino el colectivo me subí, pago el boleto y cuando miro hacia los pasajeros, con la misma intención de esas cuadras, noto sentado en la tercer fila a un chabon, grandote, llevaba una camisa bordo abierta hasta la mitad del pecho y unos jeans. Me miro, y al mirarlo yo sostuvo la mirada, había funcionado. No tenia ningún asiento libre cerca por lo que me tuve que sentar en uno de los de atrás, si bien seguí mirandolo el nunca se dio vuelta a verme. Al estar tan borracho me dormí unos minutos hasta que llego el momento de bajarme. En cuanto me bajo del bondi por la parte de atrás veo que este hombre también se baja pero, de nuevo, no parece mirarme o prestarme atención. En ese momento la borrachera impulso mi calentura por lo que apuro el paso para estar a la par suya.

-Hola, le digo
-Hola, me contesta, ¿de donde venís?
-De bailar ¿vos?
-También ¿vivís por acá?
-Si, le digo, ¿vos también?
-No, estoy de paso, me estoy quedando en lo de un amigo por acá
En cuanto dice eso se pasa la mano disimuladamente por el bulto, gesto que noto enseguida y sin pensarlo llevo mi mano y se lo acaricio, en ningún momento dejamos de caminar.
-¿Te molesta? le pregunto
-Para nada
Seguimos caminando y conversando cosas que no recuerdo hasta que el se detiene en la entrada de un edificio y me dice que ahí vivía su amigo. Yo le señalo un edificio en diagonal para hacerle saber que ahí vivía. No podía mas, ya necesitaba hacer algo y con lo ebrio que estaba no me puse a pensar ninguna consecuencia. El me pregunta si estoy seguro, le respondo que si. Es mas alto que yo, mido 1.77, tiene el pelo castaño y es grandote, yo soy bien flaco, debe andar por los 30, yo con 20 años.
Entramos al edificio y al ascensor, mi mente caliente me dice que empece a tocarlo ahí pero ya no recuerdo realmente. Entramos al departamento, me dirijo hacia la cocina a buscar agua, abro la heladera y me agacho para buscarla, siento en mis caderas sus manos y todo su bulto bien en mi cola, no perdía tiempo. Mientras el seguida apoyándome y acariciándome las nalgas empezando a bajar mi bermuda yo tome el agua. Mi calentura exploto, me di vuelta y ahí mismo en el umbral de la cocina me arrodille y empece a masajearle ese bulto que se ponía duro y grueso, le pasaba la lengua y toda la boca por encima del jean, el solo soplaba y me acariciaba la cabeza con la otra mano sosteniéndose del umbral. No aguante mas, mi cara de calentura se notaba mas y mas y el me lo decía, le gustaba. Bajo los pantalones, juego un poco por encima del bóxer pero rápidamente lo bajo también y por fin la veo, gruesa y un tanto doblaba con una cabeza bien rosada. Lo miro mientras toma mi nuca y empuja hacia su pija, entra casi toda en mi boca pero el quiere mas, generalmente no me gusta cuando la cosa se pone bruta pero la ebriedad me protegía de perder la libido por eso. Me ahogo, varias veces pero sigo intentando, la lamo la chupo, le paso la lengua llego hasta el fondo y juego con mi lengua en su glande. Hundo mi nariz en su poco vello púbico y permanezco ahí, con su pija gruesa y dura en mi boca mientras el comienza a penetrarla, sin piedad, mientras me sostiene la cabeza, lagrimas en los ojos pero es tan rica y la estoy disfrutando mucho, comienzo a tocarme. Después de la ultima arcada me paro, tomo un poco de agua, el solo me mira y se toca, me saco la remera y el se abre la camisa. Lo llevo hasta el sillón, lo siento y empiezo de nuevo a metermela entera en la boca y ahogarme, repito varias veces lo mismo, le dejo la pija llena de baba, a el le encanta solo sopla me pide mas y maneja el ritmo con una mano en mi nuca. Comienza a acariciarme la espalda, a apretarme las nalgas sobre el pantalón que rápidamente me saco, me quedo completo desnudo. Sigo ahí, en cuatro chupando esa verga tan rica. El se ensaliva el dedo y empieza a jugar en mi culo, hasta que se para y soy yo el que pasa al sillón, me arrodillo encima del sillón ofreciéndole toda mi cola para el, que se pajea mientras me va metiendo dedos, primero uno, dos y tres que cuestan mucho pero yo solo gimo y le pido mas, eso le gusta, me dice estar muy caliente y comienza a refregar su pija toda húmeda por toda mi cola. Ahí me doy cuenta que la quiero, la quiero toda adentro. Me pregunta si tengo forro que el no tiene. No estoy seguro de tenerlo por lo que voy a buscar, reviso todos los cajones mientras el sigue trabajando mi culo, refregandole su pija. Encuentro uno en un cajón del living, ahí nomas intenta meterla, cuesta, por lo que voy a buscar crema y baño su pija en eso, una imagen hermosa su pija bien al palo bañada en crema y todo eso iba a estar dentro mio. Paso un poco también por mi cola y el intenta de nuevo, mucho mejor ahora, lentamente empieza a meterla toda hasta llegar al fondo. Apoyate en la pared me pide, pongo mis manos en la pared y saco la cola para atrás, el parado atrás mio con una mano en mi cintura y otra en mi hombro comienza a bombear, de no haber estado contra la pared me hubiera tirado. Son embestidas, mi cabeza contra la pared mientras gimo sin parar, la siento adentro bien adentro, entrar y salir. El resopla y no para, me dice cosas que no recuerdo pero le gusta, el ruido del choque de su pelvis contra mis muslos me calienta mas, se siente como si pudiera estar así para siempre. Me salgo de el, estoy muy caliente y quiero acabar, me acuesto en el sillón y levanto las piernas, el las toma en sus hombros y vuelve a ubicar su pija en la entrada de mi culo. Vuelve a bombear, es increíble sentirla así y verlo mientras disfruta cogiéndome, todavía lleva la camisa totalmente abierta, yo me masturbo, no voy a aguantar mucho tiempo mas y le pido que me la de también sobre mi. La saca y da unos últimos toques después te sacar el forro y acaba sobre todo mi pecho y parte de mi cara, atrás suyo acabo yo también encima.No puedo mas, sigo caliente pero la respiración entrecortada de ambos indica que se termino, me limpio un poco como puedo, el se sube los pantalones se abrocha la camisa. Hablamos algunas frases y me dice que se va, le digo que baje y le pida al portero que le abra. Desde el balcón lo veo cruzar y entrar en el edificio del amigo. Voy al baño y me doy una ducha fría para limpiarme y poder calmar la borrachera. Así como salgo me tiro en la cama y me duermo.

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21
Abr

Relato gay argentino: Entre varones

En búsqueda de lo que aquí se conoce como amigarche, volví a iniciar sesión en Manhunt. Eran las dos de la mañana. Mucha suerte no había tenido, la mayoría de los que me habían escrito no eran de mi gusto o podrían ser mis abuelos. Ahí los hombres se promocionaban, con fotos de perfil de penes, culos, axilas y pies. Otros con alguna selfie en el baño, entrenando en el gimnasio, subiendo un cerro, con el rostro al descubierto o editado con algún efecto. Chile y Argentina parecieran compartir los mismos personajes. En una sección del sitio, llamada tablero, se hacen las publicaciones.

CupTown
Los Polvorines, Malvinas Argentinas, Buenos Aires.
32
FÍLMAME: Acá macho pasivo con ganas de que filmes mientras te tiro la goma. Tipos decididos. Yo con lugar por zona norte, si no arreglamos y voy. Vos con buena verga, ganas y mucha leche.

LautaroEmi
Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
26
Quiero que vengas, me la pongas en la boca, me agarres de la nuca y te empieces a mover… despacio y vayas subiendo la velocidad a tu antojo… sentir como gemís, como tus gambas peludas empiezan a temblar… tu transpiración invade tu pecho… y cae sobre mí.

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18
Abr

Relato gay: Con el cuarenton del gym

hola a todos, les voy a contar lo que me sucedió hace un año un día que estaba en el gimnasio.
Lo primero de todo es presentarme, me llamo Emanuel y tengo 20 años, desde los 15 años tengo clara mi orientación sexual aunque soy muy reservado a la hora de decirlo.
Soy un chico normal, delgado, marcado, estatura media, piel clara, poco vello, un culito redondito y un pene normal.
Siempre me han gustado los chicos más o menos de mis características con los que ya había tenido alguna relación, pero hace un tiempo empece a fijarme en los hombres adultos de muchos más años que yo.
Nunca había tenido nada con un hombre así hasta ese momento.
Por aquel entonces yo iba a un gimnasio cerca de donde vivo, tenía algo más de tiempo libre y aproveche para ir al gym y así tonificar mi cuerpo y por supuesto de disfrutar de machos que por allí iban y se dejaban ver desnudos.
Durante unos días fui a diferentes horas para ver cual me venía mejor y decidí ir siempre sobre las 4 de la tarde que es cuando más tranquilo estaba y cuando más maduritos veía.
Unos de los días que fui me llamó la atención un señor que estaba haciendo pecho, era un hombre de unos 40 años, llevaba puesto un short negro corto y una musculosa blanca muy fina.
Era mucho más alto que yo, quizás 1,80m. su cuerpo era robusto pero no gordo, de fuertes piernas y brazos, con barbita y de mirada profunda, en su pecho se veia bello corto algo canoso.
El short le marcaban una buena entrepierna y glúteos trabajados.
Ese día no dejaba de mirarlo, no podía quitármelo de la cabeza, cada movimiento que hacía cada gesto se me iban los ojos a ese magnifico cuerpo.
No sabía muy bien lo que me estaba pasando, era la primera vez que me atraía tanto un hombre así.
Tenia miedo de que se diera cuenta, y así fue.
En varias ocasiones me encontró in fraganti, hasta en una ocasión me saludo y sonrió, cosa que me avergonzó muchísimo.
Ese día decidí irme de la vergüenza que estaba sintiendo y del calentón que me había dado.
Al día siguiente volví a la misma hora y con la esperanza de volverme a cruzar con aquel hombre. Así fue, allí estaba ese fabuloso cuerpo trabajando sus piernas y brazos.
Yo, nuevamente no pude evitar observarlo todo el tiempo, algo me empujaba a coquetear con ese señor. Decidí ir más allá y acercarme lo más posible al hombre para poder contemplarlo mejor.

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12
Abr

Cogida con un chico de un contacto por grindr

Seré rápido, no se trata de un relato con fines artísticos, sólo quiero recordar una buena cogida.
por medio de Grindr contacte con un muchacho de 24,(yo, 29) me dijo que era estilista, que era pasivo, pero me daba un poco de vueltas porque yo no quería mostrarle mi rostro. así que le mandé fotos de mi abdomen (para que viera que no soy gordo ni flácido, pero tampoco musculoso) y fotos de mi pene erecto para antojarlo, el me mandó fotos de sus hermosas nalgas y su dirección.
llegué al edificio de departamentos, bajo por mi, cuando lo veo notó que es muy guapo pero es mucho más alto que yo y tengo la sospecha de que los altos tienen penes enormes, total subimos al departamento él vivía en un monoambiente su cama era matrimonial, entro y francamente lo veo con pánico, porque era muy alto. él se acerca me besa pero me cuesta trabajo mantener el equilibrio, era tan alto que ni de puntitas lo alcanzaba.
termina por recostarse en la cama yo encima de él. nos desvestimos el ya la tenía parada yo a pesar de ser el activo me encontraba algo inhibido, pero me dejo llevar, lo beso por todos lados aunque tengo que viajar de un lugar a otro en verdad me era muy alto. le hice un beso negro y luego sexo oral, al poco el se acomoda para también lamerme el pene, él podía tragarse mi pene y follarlo como si nada, en cambio (no me equivocaba tenia un pene por lo menos mas largo que el mío) en cambio yo no podía meterme todo su pene en mi boca, en realidad nunca me he tragado uno, pero ahora lo quería intentar, no lograba llegar a los huevos, y él no tenía consideración penetraba mi boca como si fuera una vagina cualquiera, por lo tanto deje el 69 lo acosté boca arriba con sus piernas como si fueran mis aretes, empecé acariciar su ano con mi pene y untarle salivita, luego me puse un condón mientras el terminaba de lubricarse, respiro hondo al parecer sabía que le dolería, quise tratarlo caballerosamente ser romántico por lo tanto se la metí despacito antes de que entrara todo, me volvi a salir, lubrique más el forro y se la volví a meter, mi pene es algo curioso es ancho de la cabeza (glande) y del tronco, pero en la base se adelgaza, así que la circunferencia del ano me aprieta bien la base de mi pene. empecé a bombear, de pronto me doy cuenta que su pene enorme me llegaba por encima del hombligo, le tomo las nalgas, agacho la cabeza y haciendo contorción logro lamerle el pene incluso meterlo a mi boca al mismo tiempo que lo penetraba, comenzó una maquinaria sexual, cuando hacía mi pene para atrás, mi boca mamaba y cuando refundía mi pene en su orto mi boca mamaba menos pero siempre mamando, además no me gusta tragar semen asi que todo lo escupo o lo voy escurriendo sobre su glande, el muchacho ya no sabía que hacer para aguantarse la venida.
pero en algún momento sentí que sólo me estaba cogiendo a su cadera, así que me levante deje de hacerle oral para dedicarme sólo a penetrarlo, mientras dejaba que el me acariciara las nalgas (tenía brazos largos) yo lo masturbaba o acariciaba el rostro y el torso, hasta que él me dio permiso de venirme. al terminar fui al baño a lavarme salí nos cambiamos, el me despidió en la entrada del edificio y yo me fui a mi casa.

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30
Mar

LUJURIA ENTRE CUÑADOS.

De adolescente y como muchos de ustedes, yo he tenido un par de encuentros sexuales con otros chicos, un par de amigos y un primo. Pero la verdad es que toda mi experiencia quedó allí. Salí con muchas chicas y ahora estoy casado desde hacen ya 14 años. Actualmente tengo 42 años blanco pelo negro corto, ojos marrones, y no soy ni gordo ni flaco.
Ariel es mi cuñado, un flaco pero fibroso muchacho de 34 años con el que tenemos la costumbre de encontrarnos los viernes en mi casa para charlar, comer algo y tomar bastante cerveza. Mi esposa me lo permite ya que sabe que no nos excedemos, solo nos ponemos “contentos” y además por tratarse de su hermano.
Un fin de semana mi esposa quedó en juntarse con sus ex compañeras de la secundaria, y lo harían en otra localidad cercana a donde vivimos y para mejor los nenes se iban con mi suegra.
Ariel y yo teníamos un viernes para pasarla a nuestras anchas tomando cerveza, comiendo y escuchando buena música. Ya para las dos de la madrugada estábamos bastantes borrachos. Ariel no es un tipo de andar con mujeres, es mas bien un solitario pero nunca se insinuó que era gay.
Era una noche de enero de mucho calor por lo que estábamos solo con pantalones cortos y entre tanta charla surgió el comentario de lo buena que estaba la travesti que vive en la otra cuadra. De tanto evocarla se me empezó a parar la pija y se notaba que a él también, sería por el alcohol…
-¿vos te lo cojerías? Le pregunto a mi cuñado.
-No sé, me daría vergüenza pelarla y que le parezca corta mi pija.-
-¡¡No, pero qué decís, si debes tener una flor de herramienta!!!
¡¡No, ni cerca!!
Yo a Ariel siempre le había mirado el paquete sin que se diera cuenta y me parecía que tenía una hermosa pija.
A ver; pelá!!- le dije
-salí culiado- me dice. -A ver si nos termina gustando!
Su frase me quedó sonando en la cabeza por unos segundos.
-y si nos termina gustando qué! – le digo mientras me rio de la charla.
– Mirá- le dije mientras me sacaba la chota media parada y se la mostraba.
-Ahora mostrame la tuya, si estamos entre hombres boludo- le dije y lo convencí.
Se paró y sacó su pija, era hermosa, un poco más chica que la mía pero daban ganas de chupársela en el acto.
-¡¡¡Ves boludo, si es hermosa tu pija!!!
En eso me paré y me puse frente a él y le dije, -a ver, vamos a medirlas- y me junté a él.
En el movimiento rozamos nuestras pijas y sentí algo riquísimo. Él disimuló y yo a propósito lo volví a rozar. Noté que se le paró aún más y una gotita de precum comenzaba a asomar.
-es casi igual que la mía- le dije, -y me mide 17 cm.-
-hasta te la chuparía de lo linda que la tenés- le dije mientras se la empieza a sobar. Yo le quité la mano y seguí con la tarea. Luego no pude más y me arrodillé para llevármela a la boca. Juro que nunca lo había hecho pero la calentura me llevó hasta allí. Era salada, untada por su precum que salía a torrentes, le chupé la pija, lamí todo su tronco y metí cada uno de sus huevos en mi boca mientras él se arqueaba en un gesto de placer total.
Luego le metí la mano por la raja del culo y él se asustó.
-¿qué haces boludo?? – yo solo atiné a callarlo y a decirle –¡¡dejáte llevar, no ves que esto se está poniendo hermoso!!!-
Mientras se la chupaba y hurgaba su culo en busca de su ano él me agarraba la cabeza y me la cogía lentamente mientras comenzaba a jadear cada vez más.
Luego me levanta y nos comenzamos a besar tan lujuriosamente que debo decir, lo hacía mejor que su hermana. La respiración la teníamos entrecortada y en eso Ariel me dice:
-¿Si yo me dejo culiar, vos después te dejas?-
-por supuesto que sí- le respondí.
Él me lleva a la mesa del comedor y me apoya contra el borde y empieza a mamarme la pija mientras me recordaba que es la primera vez que lo hacía.
-¡¡Ojalá no sea la última!!- le dije entre jadeos. La mamaba, la babeaba, la escupía y la volvía a limpiar con un arte único. Después fue él quien se apoyo en la mesa pero de espaldas a mí y me ofreció su cola abriéndola con las dos manos.
-cojéme que no doy más de las ganas de sentirte adentro, pero hacélo despacio que es mi primera vez-
Primero jugué con mis dedos hasta que entraron tres, luego lo ensalivé, me puse un condón y se la apoyé en el ano. Él hacía fuerza para que se abriera su esfínter y así entró la cabeza de mi pija. Esperé un momento pero él fue quien comenzó a pechar para que entre el resto.
Lo que sentía en ese momento era maravilloso, su cuerpo, sus quejidos y jadeos, mi pija deslizándose en sus entrañas conociendo nuevas sensaciones, todo me tenía en el cielo. Le empecé a bombear despacio mientras le decía todo tipo de chanchadas. Se la sacaba casi toda y se la volvía a meter, luego seguimos en el sofá y hasta en la alfombra donde se empaló en mi pija mientras yo estaba recostado. Así le pude agarrar la pija y comencé a pajearlo, alternando con unos besos muy húmedos y lujuriosos.
En un momento él empezó a arquearse hacia atrás y sentía como su ano me empezaba a apretar en espasmos rabiosos y comenzó a volcar toda su leche en mi pecho y mi vientre. La imagen me volvió loco y me empecé a volcar en sus entrañas con una abundancia increíble.
Los dos terminamos exhaustos y maravillados con lo que había sucedido.
-Sos un delirio cogiendo- le dije mientras limpiaba mi cuerpo.
-fue hermoso, pero la próxima te cojo yo a vos-
-Por supuesto, soy un hombre de palabra- le respondí para luego comernos a besos.
Así comenzó una nueva historia en mi vida y puedo decir que lo disfruto completamente hasta el día de hoy.
Después les cuento cuando él me penetró por primera vez.

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25
Mar

Relato gay argentino: Suipacha 378

Juan Ignacio y Matías pasaron cinco años juntos, tres años de noviazgo y dos de convivencia. Se conocieron en la facultad de Ciencias Económicas. En ese entonces, Juan tenía apenas diecinueve años y Matías veinticuatro. Fue amor a primera vista, los unió la hambruna y el bufet. Intercambiaron varias miradas y, cuando cada uno terminó con su plato de comida, se siguieron mutuamente hasta el baño, una vez allí uno de ellos decidió romper el hielo mientras ambos se miraban al espejo, como para disimular…

-Hola…-dijo Matías, con timidez, con miedo a que el que tenía al lado no contestará.
-Hola. ¿Como estas?-contestó Juan Ignacio.
-Muy bien, ¿vos?-respondió Mati.
-Bien, un poco cansado, pero bien. Tengo que volver a clases, ¡ya! ¿Te jode si nos pasamos nuestros números de celular?
-No, para nada- Juan a Matías con un destello de alegría en sus ojos-. Yo también tengo que volver, pero a mi casa…los finales me tienen harto y tengo que prepararlos.

Desde ese día no dejaron de charlar por WhatsApp. Hablaban constantemente, excepto cuando estaban estudiando. A Matías le gustaba el humor negro de Juan Ignacio…bueno…en realidad él le gustaba, quería conocerlo más, quería saber qué tipo de personalidad y temperamento tenía ese chico alto, trigueño y de ojos verdes. Semanas más tarde ambos sucumbieron un poquito más en la intimidad de cada uno y se agregaron a sus cuentas de Facebook. Los dos eran partidarios de no tener a cualquier persona, a cualquier desconocido, en sus respectivos perfiles de esta red social. Sin más, deseaban, pretendían, ser algo más que dos desconocidos.
Y fue así que las semanas pasaron. En ese intervalo de tiempo-en la etapa de conocerse-iban al cine, al teatro, recorrían los parques de la ciudad… A los seis meses de ese bendito encuentro en la facultad, Juan le propuso a Matías ir por algo más serio y este aceptò con júbilo.
Fueron horas, días, semanas, meses, años de felicidad y de amor genuino. Se amaban con una verdadera devoción. Además el destino estaba a favor de ellos: sus familiares estaban contentos por la sana relación que llevaban a cabo y los aceptaban cordialmente. Luego de un tiempo, con el buen sueldo que ganaba Matías en una consultora, tuvieron la dicha de poder ir a vivir juntos.

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22
Mar

Durmiendo con un gato

Todo ha ido demasiado rápido desde que llegué a Buenos Aires, la misma ciudad que conoció mi abuelo gay cuando tenía mi edad. La verdad es que eso no lo supe hasta días antes de viajar. Estando ya acá me pregunto si también él tuvo miedo, si se sintió vulnerable entre el mar de gente ocupada en sobrevivir resignada. Debo decir que ya no sé nada, a pesar de lo mucho que lo había planificado. Instalé Grindr en el celular y mi nickname pasó de “chileno25” (mi edad) a “chilenohot”. Un chico me habló y me preguntó en qué andaba. Ni yo lo sabía bien, había caminado sin rumbo y entrado a un local de arepas con wi fi. Él estaba cerca, en Viamonte, y me dijo que si quería podía pasar luego a su apartamento. Me dijo que estaba aburrido viendo una serie. Caminé y me perdí. Cuando ya me estaba comenzando a desesperar paré un taxi. Estaba justo en la hora, esta vez no podía fallar. En realidad la cita había quedado para el día anterior, pero nos habíamos descoordinado. Había tocado varias veces el timbre y nada, después caminado hasta una plaza para volver a conectarme a la red, fijar una nueva hora, para después partir y volver a perderme otra vez. Esta vez llegué a tiempo y lo vi afuera de su departamento. Lo primero que pensé fue que era mucho más atractivo que por fotos. Le di la mano y al acto le besé la mejilla para que no fuera a pensar que ahora me andaba haciendo el machito. Subiendo el ascensor me di cuenta de que era de mi porte, que tenía bonitas facciones y unos fuertes brazos. Como reflejo yo escondí los míos. Me preguntó cómo estaba con una sonrisa. Le respondí que bien, agachando sin querer la mirada. Su acento me extrañó. “¿Eres argentino?”, le pregunté. “Jajaja, no”, respondió. “Ahh, colombiano entonces”, afirmé. “Claro”, dijo, y volvió a sonreír. Llegamos a su pieza y me invitó a sentarme en su cama. Tenía puesto música de disco gay en la computadora. Conversamos un buen rato. Me contaba de lo encantadora que era la ciudad, de todos los panoramas por hacer, pero también que la situación estaba muy difícil. Llevaba semanas sin trabajo después de que lo despidieran sin nada por necesidades de la empresa y que luego había ido de una entrevista a otra sin éxito. Me decía que ya no quería volver a trabajar en un local de comida, donde tenía que permanecer doce horas de corrido para apenas poder pagar su habitación. Me dijo que era ingeniero y que había emigrado por mejores oportunidades. Ahora buscaba emplearse en lo que sea. Hablamos de las palabras que usaban los argentinos y qué significaban en nuestros respectivos países. Reíamos. Me decía que encontraba chévere mi acento a pesar de que yo creía que abusaba de palabras francamente feas como “puta”, “culiao”, “hueón” y “la hueá”. Le dije que aparentemente, a diferencia de los argentinos, los chilenos tendíamos a ser menos osados. A ratos sus ojos lagrimeaban de sueño. Le dije que si quería lo podía dejar descansando, pero me respondió que estaba todo bien. Se acercó con los codos apoyados en su colchón sin almohada, con la cabeza apoyada y escuchando atentamente. Cuando lo vi bostezar de nuevo, le pregunté directamente si necesitaba dormir, pensando que quizá lo estaba aburriendo. Se abalanzó sobre mí y me empezó a besar. De ahí en adelante me propuse dejarme llevar. Apagó la luz y lamí su cuerpo por completo. Hicimos casi de todo y luego se dio la vuelta. Lo ayudé a dilatarse con mis dedos y mi lengua, me puse un condón que extrañamente andaba trayendo en mi bolsillo y lo comencé a penetrar. Me sorprendía ver que todo estuviera funcionando bien y que además lo estuviera disfrutando. Eyaculó en mi boca y yo también acabé. Fue a la cocina y trajo una taza de Tang con sabor a limón y confort para limpiarme con cuidado. Me encantó. Se acostó a mi lado y lo abracé mientras le hacía cariño en la nuca y le besaba los hombros. Afuera llovía y en el pc sonada “we found love in the hottest place, we found love in the hottest place”. Me causaba gracia que también él pudiera notar la rara coincidencia. Dormía y despertaba apenas para volver a besarlo. Cuando el sol ya comenzaba a aparecer, sentí a un gato negro acostado al otro lado de la cama, con el lomo pelado por una operación tras haber saltado una vez del quinto piso. También lo acaricié. Después desperté con cuidado a Jhonny y le dije que ya me tenía que ir. Debía volver a la hostal, armar de nuevo la maleta y emigrar a un alojamiento más económico en Tres de Febrero. Bajó conmigo. En la entrada lo abracé y le di un beso en la mejilla. Él apenas reaccionó, no sé si por letargo o simplemente desamor.

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